Antofagasta, tierra hermosa


Antofagasta (Chile),(ABI) - El muelle del Puerto, el edificio de la Municipalidad y la fundición minera de Aniceto Arce quedan en pie, a simple vista, de la ciudad de Antofagasta que el 14 de febrero de 1879 las fuerzas chilenas del coronel Emilio Sotomayor se tomaron en el comienzo de la guerra del Pacífico, a fines del siglo XIX.

El muelle de madera que mandó a construir el gobierno boliviano en los ’60 del siglo XIX, luce espectral, más aún de noche, artrósico, pero en pie, vetusto, senil y abandonado, aunque la Municipalidad y la Intendencia (equivalente de Prefectura) antofagastinas se han dado ya a la tarea de restaurarlo y montar sobre sus musgosos callapos un negocio o tal vez un espacio de arte o una exposición.

El edificio de la Municipalidad, desde donde el prefecto boliviano Severino Zapata, designado por el presidente Hilarión Daza, ofreció resistencia verbal ante las fuerzas bien perchechadas que desembarcaron desde el acorazado chileno Colchrane, alineado junto al O’Higgins y más tarde de ese día al Blanco Encalada en la bahía de Antofagasta, guarda sus ornamentos, bien restaurado.

Declaradas en 1994 monumento nacional por el gobierno de Chile, las ruinas de la chancadora y fundidora de plata de la empresa Huanchaca, del ex presidente boliviano Aniceto Arce, en consorcio con el acaudalado chileno Concha y Toro, lucen ahora iluminadas, hasta enigmáticas.

Una malla perimetral protege las murallas de lo que fue la fundidora de Arce y en el terraplén de la estructura pétrea se han instalado ahora, como incentivo al turismo, tres museos, uno de ellos en astronomía.

Frente a las ruinas se yergue el monumental edificio de uno de los eslabones de la cadena hotelera Enjoy.

Con 90.000 lujosos m2 construidos, el Enjoy se ha emplazado de enfrente las ruinas y guarda una sutil consonancia arquitectónica, una suerte de refractación espiritual de cubismo con la fundición, refirió uno de los accionistas de la cadena, Iván Suminovic que a fines de octubre recibió a una delegación de periodistas bolivianos.

Y algo más. Los descendientes de las familias bolivianas mineras del siglo XIX viven aún en esa coqueta ciudad de 300.000 habitantes que se levanta entre el borde costero y la cordillera de los Andes y que, con su modernidad y pujanza, le ha ganado metro a metro el desierto de Atacama.

Antofagasta es, principalmente, una ciudad minera.

Parte de la segunda región de Chile, Antofagasta contiene los grandes reservorios cupríferos que sostienen el grueso del erario nacional chileno.

En las entrañas de sus 30 mil y pico de km2 de superficie caben los enormes acopios de cobre de Chuquicamata, La Escondida y La Salvadora.

El mineral se encuentra en una longa enclavada en medio de la región que se levanta entre el Océano Pacífico y el macizo andino. Del otro lado está la región argentina de Los Andes. En las espaldas Iquique.

Su medio de vida es el cobre y algunos metálicos y no metálicos. También se explota oro y plata.

De agricultura, muy poco. Todo lo que los antofagastinos consumen llega del agroindustrial sur de Chile y, principalmente, de la región metropolitana: Santiago.

De pesca, también poco.

De turismo, algo más y ése parece ser el principal empeño de sus autoridades.

El cúbico, enorme y lujoso Enjoy, que demandó la friolera de 90 millones de dólares de inversión, es la prueba incontrastable de ese propósito que la Municipalidad ni la Intendencia se esmeran en ocultar.

Los antofagastinos se han hecho unas acogedoras playas artificiales y construido una carretera costanera que, con la retahíla de edificios de apartamentos que se alzan a su paso, prestan fácilmente la impresión, pese la presencia de aguas australes, que se trata de una ciudad seductora y nocturna emplazada en las costas de El Caribe.

Desde La Chimba, donde se colocó la piedra miliar de la ciudad, hasta Punta Coloso, entre ambos puntos poco menos de 40 km de longitud, Antofagasta muestra sus encantos urbanos.

Es la más cara de Chile.

Su Producto Interno Bruto es de 43.000 millones de dólares, tres veces más que el PIB de Bolivia.

Se estima en al menos 20.000 dólares el ingreso individual en promedio, el más alto poder adquisitivo en Chile.

Por su construcción fisiográfica, el metro cuadrado construido es el más caro del país trasandino.

La actividad en el puerto y en los modernos muelles es, cualquier día de la semana, febril.

Unas enormes grúas digitadas desde un ordenador atrapan unos cajones metálicos que en el tecnicismo portuario se conoce como contenedores y con movimientos robóticos los acomodan en enormes naves mercantes que llevan y traen mercancías desde y hacia Chile.

Los chilenos antofagastinos de hoy tienen una palabra a flor de labios. Negocios.

"Que negocios podemos hacer", preguntó a los periodistas bolivianos un diputado por Antofagasta que no titubeó al tiempo de lanzar una idea.

"Nosotros no tenemos madera y ustedes, en Bolivia, sí la tienen, de muy buena calidad y dura" como para enfrentar a una suerte de termita costera a la que, coludida con la humedad relativa ambiente, nadie le ha clavado en las crines hasta ahora, dijo el legislador chileno.

Antofagasta se sitúa a 44 metros del altura sobre el nivel del mar, a 1.400 km de Santiago y a poco más de 1.000 de La Paz.

Es decir su eje referencial geográfico -no político- es más La Paz que Santiago. Y ni qué decir de Iquique y Arica, cuyas autoridades no tuvieron empacho en señalar, frente al grupo de periodistas boliviano, su dependencia, por razones económico comerciales claro está, de Bolivia.

Iquique y Arica, que antes de la Guerra del Pacífico (1879-83) pertenecieron a Perú, tienen, hoy mismo, un aire boliviano.

Mujeres enfundadas en trajes típicos de los Andes bolivianos se desenvuelven en los principales centros de negocios de Iquique y Arica. Es cuestión de pasear cualquier día del año alguna de ambas ciudades para constatar su trasfondo boliviano.

Un joven rubicundo, que debe frisar los 30 años, tal vez menos, representa el Chile de hoy, que no ha perdido, más bien la ha acrecentado, su bien ganada fama de los "fenicios de Sudamérica".

De poco menos 1.70 metros de estatura física, tres ingenierías encima, una de ellas corrida hasta el doctorado, ese chileno, que además se mandó los años necesarios para que la estadounidense Army le otorgue las escarapelas de ‘Marine’ controla, aunque no como máxima autoridad ejecutiva y sí como la primera validación tecnológica, el enorme y moderno puerto chileno de Angamos y está consustanciado con la planta de Regasificación del lugar, que demandó una inversión, entre privados y Estado, de 500 millones de dólares.

Preciso como reloj suizo para exponer sus ideas e ilustrar las bondades y avances tecnológicos del puerto gerenciado por un consorcio privado, para que el trabaja, había que "desenchufarlo" para que dejara de hablar, se regodeó uno de los ejecutivos de la planta.

Se trata de un complejo montado en el mar y cuyas ventosas esperan succionar el gas que Chile importará de ultramar por vía de inconmensurables tanqueras.

Eso no obsta que Chile, que no tiene gas ni petróleo, pero que ha diversificado en el último lustro su matriz energética, se haya cerrado a la posibilidad de importar gas boliviano, dijo a la ABI un ingeniero que controla la planta de regasificación.

Como sea, el eje de sustentación Arica, Iquique y Antofagasta tiene más la mirada puesta en La Paz que en Lima o Santiago, esto por la distancia entre él y ellas, aunque en el plano de lo geopolítico, la "sementera de las turquesas" como se conoce al Valle del Copiapo, corrupción del vocablo queshua Keopayapu, hasta donde llegaron las fuerzas del general inca Sinchiroca y se propusieron señalar el límite entre el Imperio Incaico y Chilli (donde acaba la tierra, en aymara), estará bajo la jurisdicción de La Moneda.
Antofagasta, tierra hermosa Antofagasta, tierra hermosa Reviewed by Wily Noel Condori Martinez on 11/05/2009 06:00:00 a. m. Rating: 5

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