SIN MESSI EL BARCA GANA A EL INTER

El día nació con zozobra y fantasmas, malos presagios como nubarrones sobre el Camp Nou, y terminó con el cielo abierto y rendido al fútbol del Barcelona, que volvió a ser el Barcelona y pasó en un visto y no visto de frágil a imperial, de previsible a imparable, de diezmado por las bajas a renacido y redimido.

Así comenzó el día: la calculadora decía que un triunfo del Rubin sumado a una derrota azulgrana significaría el adiós a la Champions. Después se supo que la batalla se disputaría sin Messi e Ibrahimovic ante un Inter con Etoo, con Mourinho y hasta con Figo en el palco. Y así terminó: el Barcelona bordó el fútbol y facturó al Inter en 45 minutos, se reencontró consigo mismo, se dio un baño de autoestima sin dos de sus grandes estrellas y, de paso y gracias al empate entre Rubin y Dinamo, dejó la clasificación casi sellada, pendiente de no perder en el invierno de Kiev por tres goles de diferencia.

Sin Messi y sin Ibrahimovic, en apariencia desvalido ante un Inter que llegaba agigantado, triunfó la idea del Barcelona, un concepto innegociable para Guardiola, que también se reivindicó con una lección magistral a Mourinho. Pedrito cayó a la izquierda, Henry al centro e Iniesta se liberó de la derecha para situarse en el centro y dejar vía libre a Alves, un galimatías para Chivu, para los centrales y para un centro del campo limitado en lo técnico (Motta, Cambiasso...) y superado en conceptos e intensidad, fiado a las patadas, inservibles ante las dos turbinas generadoras del Barcelona: Xavi e Iniesta. A su alrededor, Henry -algo lento- estuvo activo, eficiente e inteligente, Dani Alves fue un puñal incesante, Keita y Busquets trabajaron a destajo y la defensa estuvo intensa en la escasa labor que tuvo: Abidal, recuperado milagrosamente tanto de sus problemas musculares como de la Gripe A, frenó a Maicon ayudado por Keita. Puyol y Piqué empujaron al equipo siempre hacia delante, la última línea a la caza del rival.

Lo demás fue concentración, corazón, estilo, calidad, clase, categoría. La primera parte del Barcelona fue descomunal, casi perfecta. Máxima intensidad, ritmo salvaje, tambores de guerra y mucho fútbol: circulación vertiginosa, movimientos sin balón, imaginación y precisión, presión constante, recuperación rápida... un calco del mejor Barcelona de la temporada pasada. El rival, como entonces, pasó a ser una víctima despersonalizada. Y quedó retratada: el Inter, un trasatlántico europeo, una de las plantillas más fuertes del continente y cacique intratable en Italia, fue un equipo conservador primero, timorato después y rendido finalmente.

A Mourinho no le salió el plan, que seguramente pasaba por contener y jugar con la ansiedad azulgrana. Pero todo saltó por los aires en el minuto 9 con el primer gol. A partir de ahí todo fue impotencia y miseria mientras el Barcelona siguió jugando al galope. Por detrás en el marcador no supo crear ni tener el balón, inquietar ni lucir personalidad, ni fuerza ni toque, ni fútbol elaborado ni balón largo a unos desasistidos y desesperados Milito y Etoo.

El Barcelona fue todo lo contrario, defendió el fútbol a través de su idea, o más bien su idea a través del fútbol. Jugó con hambre y con rabia, fue poético y explosivo. Así fueron sus dos goles, el primero furia, el segundo arte. En el minuto 9 Henry peinó un córner al segundo palo, donde Piqué remató con el alma, agarrado por Motta. La locura. En el 25, Pedro remató una combinación maravillosa del Barcelona, con un pase perfecto de Xavi a Alves, que dio la asistencia. El éxtasis.

El resto del primer tiempo fue un triunfo por aplastamiento del Barcelona en un partido que era casi un choque de culturas. El Inter no tuvo reacción, el Barça no hizo ninguna concesión. Etoo apenas entró en juego y su equipo vivió de un córner, un disparo lejano, un pequeño susto tras un despiste de Valdés, 35 minutos sin tocar el balón, en un despeje... sin alma y acomplejado, pareció sacar la bandera blanca demasiado pronto. No tuvo solución, no había nada en la libreta de Mourinho para frenar a Iniesta, soberbio, y a Xavi, inteligente.

El Barça baja las revoluciones

Pudieron llegar más goles en el último acelerón del Barcelona, a caballo entre el final del primer tiempo y el arranque del segundo. Pedrito se reivindicó y Busquets fue un muro que lanzaba dentelladas en la medular. Xavi rozó el gol, primero a balón parado, después con un remate de cabeza perfecto tras una jugada perfecta que forzó una parada perfecta de Julio César, de largo el mejor del Inter.

A partir de ahí bajó el ritmo el Barcelona y el Inter tuvo media hora de oxígeno, algo más de contacto con el balón y algunas llegadas deshilachadas, sin peligro ni convicción. Etoo estuvo torpe en sus escasas intervenciones y hubo minutos para algunos que parece que están de vuelta, como Quaresma. No hubo peligro real y más que crecimiento del Inter hubo control del Barcelona, análisis cerebral del partido a la vista de que el clásico se asoma en el futuro inmediato y ante las patadas de la desesperación que se cebaban con Iniesta o Alves, aquellos que más daño estaban haciendo, que en peor lugar dejaban al equipo italiano (once inicial sin italianos) en cualquier comparativa posible.

El partido murió plácido, un lujo para el Barcelona a la vista de cómo se planteaba en las horas previas: el olor a batalla, el miedo al fracaso, la aprensión por las bajas. El campeón respondió desde las cuerdas, se rehizo y lanzó un directo descomunal a la mandíbula de un rival a priori peligroso, a la postre inofensivo. Y quizá así, desde la necesidad y las ausencias, haya sabido el Barcelona reencontrar la excelencia y, de paso, dejar el pase a octavos encarrilado. De la debacle al paraíso en el momento menos esperado. El premio a la convicción, el triunfo de una idea.

SIN MESSI EL BARCA GANA A EL INTER SIN MESSI EL BARCA GANA A EL INTER Reviewed by Wily Noel Condori Martinez on 11/24/2009 08:20:00 p. m. Rating: 5

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